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Historia de un atropello

    Autor: Borja Iglesias Holguín.
    Lugar: Asturias

    Eran las diez de la noche del 16 de mayo del 2006 y salía de casa hacia la sidrería del pueblo, Raíces Nuevo (Asturias), para encontrarme con mi padre y tomarnos algo, como hacíamos tantas veces. Justo cuando salí del portal lo llamé, y en ese momento no sabía que minutos más tarde mi vida iba cambiar radicalmente. Me dijo que nos veíamos en un momento, pero cuando lo vi, no fue en la sidrería, sino que fue tirado en una jardinera sangrando por la boca, totalmente destrozado, después de que un indeseable lo atropellase en el paso de peatones, que estaba justo en frente de la sidrería donde, yo le estaba esperando.

    En directo el accidente no lo vi, pero si escuché un estruendo, que muchas veces sigue retumbando en mi cabeza, y todos los que estábamos en el bar pensábamos que había sido un choque entre dos coches, hasta que salí y me lo encontré allí, tirado.

    La verdad que en aquel momento no sabía si mi padre había sido atropellado o había caído del cielo, hasta que un individuo se acercó a mi padre, y sus palabras fueron, “habrá que hacerle el control de alcoholemia”,  entonces fue cuando le pregunté, ¿quién era?, y su respuesta fría fue, “el que lo atropelló”.

    En aquel momento la multitud que ya se había congregado en el lugar me agarró para que no matara a esa persona, que me acababa, y con perdón, de “joder” la vida a mí y a mi familia. A los pocos minutos llegó la policía y una UVI Móvil, y a pesar de lo que me dijeran, yo sabía que mi padre estaba muy mal, ¿cómo no lo iba a estar?, este indeseable lo había lanzado a más de 16 metros que no fueron más porque a mi padre le detuvo un arbol…

    O.S.O., que esas son sus iniciales, cometió tres delitos: circulaba a más de 50 Km/h, adelantó a un autobús en una línea continua y arrolló a mi padre en un paso de peatones. Mi padre no cometió ningún delito ya que un autobús de línea paró para que cruzase por el paso de peatones, sólo le faltaba un paso para llegar a la acera cuando se le acabó la vida, porque sigue vivo, pero con un daño cerebral irreparable, hemiplejia del lado derecho y en una silla de ruedas para el resto de sus días.

    La noche de aquel 16 mayo del 2006 fue la más larga de mi vida, esperando noticias de los médicos en el Hospital Central de Oviedo. A eso de las tres de la madrugada el médico nos informó de la situación: traumatismo craneoencefálico muy grave, 16 costillas rotas, una clavícula rota y que tenían que operarlo del bazo esa misma noche, porque sino mi padre moriría desangrado. La última frase del doctor fue, “está en coma muy profundo y la situación es muy crítica, es difícil que salga de esta”. Después de la operación lo trasladaron a la UVI, y fue el momento en que por primera vez lo veía mi madre, y de eso me alegro, porque la imagen diez segundos después del accidente que yo vi, no se olvida en la vida.

    Mi padre estuvo un mes en coma, y sin duda todos esos días siempre tenía la esperanza de llegar y que te dijera algo, pero día tras día volvíamos a casa, diciendo, “mañana será el día”. Exactamente no sabemos los días que estuvo en coma, porque ni los médicos lo saben, y es que esto no es como en las películas que despiertan y todo vuelve a ser como antes, la realidad es más cruda. Cuando comenzamos a tener la esperanza de que mi padre comenzara una rehabilitación empezaron los problemas y las puertas cerradas.

    El individuo que lo atropelló no poseía seguro obligatorio de su vehículo, y en estos casos se hace cargo el Consorcio de Compensación de Seguros, que en teoría es del Estado.

    Los médicos nos dijeron que en el propio Hospital de Oviedo podría hacer la rehabilitación, aunque nunca nos dieron muchas esperanzas de recuperación, porque las lesiones eran muy graves. Pero lo único que buscábamos es que mi padre tuviera la mejor calidad de vida posible dentro de sus graves lesiones, y si había algo que mejorar, que se mejorase.

    De la noche a la mañana, en Oviedo, tomaron la decisión de trasladar a mi padre al Hospital San Agustín de Avilés en el mes de julio del 2006, para que de ahí lo trasladaran al Hospital Avilés, donde recibiría la rehabilitación necesaria. En principio aceptamos y confiamos en la decisión de los médicos, aunque no la entendíamos mucho.

    Para el traslado a Avilés mi madre tuvo que pagar la ambulancia de su bolsillo, porque O.S.O. no tenía seguro y en accidentes de tráfico la seguridad social no cubre los gastos. Si mi madre no hubiera tenido dinero, ¿hubiesen dejado a mi padre en la calle?, no entiendo nada. Nuestra indignación fue creciendo cuando llegamos al Hospital San Agustín y el médico de mi padre nos dijo, que en el Hospital de Avilés no estaban preparados para hacer una rehabilitación de daño cerebral adquirido, y que en el San Agustín sólo iba a estar tirado en la cama, es decir dejarlo como un vegetal.

    Entonces mi madre se puso a buscar y encontró en Gijón un centro especializado en daño cerebral adquirido, llamado Neurocrea, y a principios de agosto la directora de este centro y varios especialistas del mismo fueron a ver a mi padre al hospital avilesino. Y allí fue cuando vimos la luz a final del túnel, ya que después de dos meses y medio por fin alguien nos decía, “a pesar de las lesiones graves, el paciente puede tener una gran mejoría”.

    El problema es que esta institución es privada, ya que en Asturias y creo que tampoco en España, existe ningún centro de daño cerebral adquirido público, que es lo que necesita mi padre, ya que no sirve llevarlo al médico de cabecera.

    Mi padre va cuatro horas diaria a este centro y allí, le enseñaron a hablar, ahora come sólo con la mano izquierda y físicamente ha mejorado a pesar de que tiene que ir en silla de ruedas. Este centro cuesta más o menos un millón de pesetas al mes, y ninguna familia puede hacerse cargo de ello. El Consorcio estaba obligado a pagarlo, en concepto de asistencia sanitaria y al principio no había ningún problema. Al empezar en este centro mi padre fue trasladado al Hospital Begoña de Gijón, y allí lo iban a buscar con una furgoneta para llevarlo al centro y trabajar con él.

    En el mes de diciembre del año 2006, curiosamente también el día 16, siete meses después del accidente, trajimos a mi padre para casa, ya que era recomendable que estuviera en su ambiente anterior para su recuperación y porque sino mi madre y yo acabaríamos ingresados en el hospital, porque fueron siete meses muy duros de hospitales.

    Los inicios en casa no fueron fáciles, porque de la noche a la mañana no teníamos que hacer de hijo y de esposa, sino que de cuidadores de una persona impedida, pero salimos adelante. ¿Con qué ayuda? una municipal del Ayuntamiento Castrillón de 30 minutos al día... Mi padre avanzaba día a día, pero un día el Consorcio nos envió un pago de una factura de una silla de ruedas que habíamos comprado a mi padre para firmar, y leyendo la letra pequeña si firmábamos eso, no teníamos derecho a reclamar más dinero, es decir nos querían quitar del medio con 300 euros, ¿A qué jugamos en este país?

    Ya en el 2007 el Consorcio decidió que no iba a pagar más la rehabilitación de mi padre, y dejarlo en casa era como no haber hecho nada. Tuvimos que ir al juzgado para que la jueza obligara al Consorcio a pagar hasta el 16 de mayo del 2008, que se cumplían los dos años del accidente, y una traba más que salvamos.

    Aproximadamente a finales del 2007 recibimos la notificación del juzgado de Avilés, que el juicio por lo penal contra O.S.O. se celebraría el 12 de Junio del 2008. En esta vista no se hablaría de indemnización, sólo era para saber que pena de cárcel le iban a imponer a este individuo. La verdad es que durante todo ese tiempo hasta que llegó el día, sólo pensaba en que me tenía que cruzar con él una vez más. La verdad es que la condena me daba igual, ya que mi familia y yo ya llevábamos dos años de condena, y esa nos la va a quitar nadie. Por ley mi abogado sólo podía pedir cuatro años, y el fiscal pidió tres de cárcel, ya que el accidente ocurrió antes de la reforma de la ley de tráfico, lo que es insuficiente.

    A pesar de no tener seguro, cometer tres delitos y destrozar la vida a una familia, O.S.O. no había pasado ni una sóla noche en el calabozo, ya que el accidente fue en torno a las diez de la noche y a las once y media de la noche se fue de la comisaría con el mismo coche con el que había atropellado a mi padre, por cierto con la luna delantera rota. ¿Quién lo entiende?

    Llegó el día del juicio, la verdad que los nervios nos invadían, y la indignación nos inundó al terminar. En primer lugar mi abogado iba a suspender la vista, porque el juzgado había llamado a declarar a dos policías locales, los cuales no habían hecho el atestado. Increíble dos años esperando y el juzgado no hace bien su trabajo.

    Eso sólo fue el inicio, el acusado no se presentó a la vista, y su abogado entregó un parte médico de “risa” de un centro de salud, en el que decía que O.S.O. había tenido un accidente de circulación cuando iba a trabajar el 23 de mayo y que estuvo ingresado hasta el 2 junio que se le dio el alta. El juicio era el 12 de junio, ha tenido diez días ya de alta en su casa, y el juez toma la decisión de aplazar el juicio al 26 de marzo del 2009, es decir nueve meses después, otros nueves meses que este señor sigue en libertad, ¿hay justicia? Para mí esto es un atropello mayor que el que le hicieron a mi padre.

    Mi abogado pidió una orden de busca y captura, para que O.S.O. esté en la cárcel hasta la nueva fecha del juicio. La respuesta fue, “no es un delito grave y no es necesaria”. A ese juez le preguntaría sí el que estuviera en una silla de ruedas fuera su padre, ¿sería el delito grave o no? Es decir, estamos esperando dos años para que se haga justicia, y cuando llega el día, nos toman el pelo de esta manera. Nosotros llevamos a mi padre al juzgado, perdió un día de su rehabilitación, porque el juez estimaba que tenía que estar presente, y el acusado con un parte médico se libra del juicio y lo retrasan nueve meses, igual el que no es normal soy yo, pero verdaderamente no lo entiendo.

    Ahora mi madre ha iniciado una campaña de firmas, para que pongan un juzgado más de lo penal en Avilés, ya que lo ocurrido no es de recibo, y el único derecho que nos queda es el del “pataleo”. No se pueden imaginar, la sensación de impotencia, de rabia y de que te están tomando el pelo, que llevamos padeciendo hace dos años. Aunque sé que ha sido una exposición larga, podría escribir un libro con todo lo que pasa con este tipo de casos en este país.

    Creo sinceramente, que estas cosas se tienen que saber, porque hoy me ha tocado a mi, pero nadie está libre de que le ocurra algo parecido. Y en resumen les escribo, porque es una vergüenza que se hable tanto de ley de dependencia, y que en España los centros especializados de daño cerebral adquirido sean privados; es vergonzoso que una empresa como el Consorcio de Seguros te intente “timar”.

    No es de recibo que un delincuente como O.S.O. destroce a una familia y todavía no haya pisado el calabozo; es inaúdito que el acusado en un juicio no se presente y se le “premie” con nueve meses más de libertad, sin que le pase nada; y es vergonzoso que mi padre haya estado trabajando y pagando religiosamente la seguridad social desde los 15 años hasta los 49, lo echen como un “perro” del Hospital de Oviedo y mi madre tenga que pagar la ambulancia para su traslado.

    Mi padre es un ser humano, y el único delito que ha cometido ha sido el de cruzar un paso de peatones, y por esa razón no entiendo por qué se ponen tantas trabas a todos los procedimientos. ¿Qué pasa?, ¿mi padre es un problema?, ¿hubiera sido mejor que hubiera muerto, se fijaba la indemnización y solucionado?, ¿es justo que dos años después O.S.O. siga conduciendo como si no hubiese pasado nada?

    Estas son algunas de las muchas preguntas que tenemos sin respuesta, y si usted tiene las respuestas me gustaría que me las diera, no sé si el mío será el único caso, a buen seguro que no. Pero si esto sale a la luz pública, seguro que se destaparán muchos más y llegará a quien tenga que llegar; el mal funcionamiento que tienen en este país tanto los seguros, la Seguridad Social y sobre todo la Justicia, porque vivimos en un país, que en temas como los de mi padre es una auténtica calamidad.

    Yo lo mío no lo voy a arreglar, pero si esto puede ayudar a otros, por lo menos nuestro sufrimiento habrá servido para algo.

    Espero que la historia sea de vuestro interés, gracias de antemano.

    Borja Iglesias Holguín

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