Ayúdanos

A quien me quiera escuchar

    Autor: Marga Hidalgo

    Les hablo desde el dolor mas hondo de mi corazón, desde la pena mas profunda de mi alma, y desde la incomprensión mas absurda de lo injusto.
    Muchas veces leyendo prensa o viendo televisión he llorado a la vez que familiares que han tenido desgracias familiares, accidentes de sus seres queridos por imprudencias temerarias, matar por el simple echo de matar, y tantas y tanta barbaridades….

    ¿Qué precio tiene la vida, me preguntaba?
    ¿Cómo pueden estar las familias que les ha rebatado un ser querido de cuajo, sin mas?
    Cómo nos vamos a resignar ante lo injusto?
    Por todo ello esta carta…..

    El pasado 30 de noviembre sonó el teléfono de casa y que decir que esa llamada cambio para siempre mi vida y la de todos de mi alrededor…
    Mi querido, y amado por todos, tío había sido atropellado en un paso de cebra… primero chillas, lloras, no quieres creerlo, niegas la evidencia y cuando te acercas a tu familia vas viendo que no es un sueño, sus caras no mienten…
    Solo las personas que han pasado por este trauma podrán entender lo que digo... El resto, como yo antes de ese día, se les encoje el corazón y dirán “pobre, que lastima…”

    Pero eso no es todo, por desgracia, la vida aún nos deparaba mas pena si cabe…
    Pasaban las horas y toda su familia nos íbamos preguntando, ¿cómo? ¿quién? ¿por qué?
    Y ahí iban llegando las respuestas que aún más nos hundía en la desesperación.

    Mi tío esa maravillas de persona, casado con la mejor persona que podía haber encontrado; con su hijo, al cual dejo su negocio y el se había jubilado para vivir y disfrutar de sus nietos; su hija, que siempre nos reíamos pues le decíamos que parecían una pareja de la “guardia civil”, siempre iban juntos; su madre, que no hay mayor desgracia de enterrar a un hijo; sus hermanas, se han quedado sin su “rey mío”, así le llamaban, era el pequeño; sus sobrinos; sus sobrinas, una de ellas yo...

    Era y será la luz de mis ojos, era y será el ejemplo a seguir de una persona con respeto, principios, honestidad, integro y esplendido no solo con su familia, también con todos los de su alrededor…, así es él…

    Que mala suerte tuvo, por segundos se cruzó un loco en su camino, que le arrebatóo la vida, un loco que en una recta en el centro de un pueblo donde la señal de velocidad marca 50 km/h, el individuo circulaba a 110 km/h y por el carril de la izquierda, y ahí estaba cruzando mi ángel por el paso cebra, no tuvo tiempo de esquivarlo… que pena Dios mió...

    El individuo en cuestión tiene 16 años, y por lo visto no es ejemplo a siguir, cada día nos explican algo mas sobre el, a cual peor…
    Miren, yo tengo 42 años, soy madre de una niña de 15, y como madre si tuviera mi hija semejante, les puedo asegurar que aunque me pudriera en mi casa de dolor, tomaría medidas drásticas sobre ella, encerrarla en un centro, por ejemplo ya que siendo menor tenemos los padres los derechos pero también las obligaciones, jamás con los antecedentes de este individuo habría dejado una moto en sus manos, es como llevar una pistola cargada y sin seguro..., en un principio sentí pena también por los padres, se lo prometo, pero me aseguran que son peores que el hijo.


    Y  me pregunto:
    Y ¿ahora qué?
    Esa ley del menor tan maravillosa que lo que hace es costear los cursos de delincuencia para que al salir, sin antecedentes, sigan haciendo daño y destrozando familias enteras. ?Cuándo se van a enterar los mandatarios que hay errores en la vida que si que son errores y se les tienen que ayudar a coger un buen camino, pero hay otros que solo con grandes penas puedes ayudar a que no sigan haciendo daño? Creo que solo si pasaran por lo que muchos de nosotros hemos pasado verían la verdad de la vida, desde un despacho sentado mirando por la ventana no se ve...

    Ayúdenme por favor, es tanto el desespero y la impotencia que no se que hacer…
    Necesito gritar, necesito que a mi ángel le hagan justicia, necesito la tranquilidad de hacer algo, por él y por los que desgraciadamente puedan llegar a cruzarse con ese tipo de desarmados.
    Ayúdenme a ponerme en contacto con asociaciones como la de ustedes, que nos puedan asesorar para colaborar con ellas e intentar cambiar la injusta ley del menor, ya que judicialmente ya contamos con un gran numero de amigos juristas que harán todo lo que las leyes les permita…

    Gracias de antemano por escucharme.

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