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Crónica de un día cualquiera

Imagina.

Imagina que un día te levantas, te preparas un bocadillo, te subes a un coche para ir al Valle del Jerte a ver la floración de los cerezos, le das los buenos días a tu compañera, le sonríes, te atas el cinturón.

Imagina que un día no te acuestas, es tu cumpleaños, lo celebras. La noche, las copas y las rayas se te alargan. Ha salido el sol y piensas en el café con leche de tu madre. Te subes al coche justo de reflejos, aunque ni lo piensas. El café con leche de tu madre, tu cama, la tía buena amiga de tu prima; te ríes.

Imagina que vas mirando el paisaje; la luz dorada de la mañana sobre los olivos, las encinas, un milano.

Imagina que arrancas, sales de la ciudad y tomas la carretera. Te vas saliendo en las curvas. El café con leche de tu madre. Sigues, no está lejos. Se te va el volante y la cabeza, te ves en la otra cuneta, rectificas.

Imagínate inmersa en tus pensamientos, miras hacia delante, tu compañera grita, ves un coche abalanzarse sobre vosotras, pones tus manos hacia delante, cierras los ojos.

BUMP!

Imagínate sentir tu último aliento. Tal y como sale el aire de ti, sientes escaparse la vida. Te pitan los oídos y sabes que es el final. Te vas sintiendo ligera y te desvaneces. La luz dorada de la mañana te acaricia por última vez.

Imagínate recobrar la consciencia; buscar a tu prima, no encontrarla y asustarte. Sigues tan pedo que no puedes moverte. Cierras los ojos un momento, te sueltas el cinturón y sales del coche. Tremendo golpe. Tu prima está bien, menos mal que no os ha pasado nada. Llega la Guardia Civil, te dicen que hay una persona muerta. Mantienes el tipo, intentas no pensar en lo que sucedió hace 18 años. Te ríes para liberar la tensión. Menos mal que tú estás bien.

Imagina tu cuerpo magullado en el coche. El sufrimiento de tu familia y amigos. Todo lo que te quedaba por vivir y todo lo que ya no existe. En un segundo, en un maldito segundo, se te arrebató. Tú que ibas a ver brotar la vida en los cerezos.

Imagínate que das 0.7 en alcohol, te violentas. Vas tan drogado que no sientes dolor; te sale la risa floja. No piensas en ella; una señora ̶ te dicen ̶, la vida es así. Qué pensará tu madre. Y tu hija. Que no te acusen delante de ellas.

Imagina no poder construir más recuerdos. Imagínate en tu juventud, nunca pensaste un final así. Tu historia acaba aquí y sólo podrá seguir en el corazón de los que te quieren; en el recuerdo de tu risa y en el del calor de tu cuerpo que ya se va enfriando. En el olivo y las aspidistras de tu patio, en el limonero del huerto y los peces de la charca. Estás aún en tantas cosas.

Imagina que siendo un chaval viviste la misma situación. Revives esa mañana. Tu cumpleaños, una farra de tantas, tu coche para volver a casa, no controlas, te chocas. Dos muertos. Tú te salvas otra vez de la muerte y de la pena. Relativizas, ¿cómo vivir si no?

Imagina un juicio 3 años después de ese día cualquiera.  ̶ Cárcel ̶ dice la sentencia. Casi ni te acordabas ya del accidente. Sigues sin poder sentir culpa ni arrepentimiento. Es demasiado grave para empatizar, así que mejor decides que te da igual. La vida es muy corta para planteársela. Sientes pena por ti, sólo por ti, incluso te parece injusto ser castigado. Pronto ̶ te dices ̶, pronto esto acaba. Cumplirás tu condena, te devolverán tu carnet; y, a diferencia de la persona muerta, recuperarás tu vida. Que suerte la tuya.

Imagina.

Imagina ahora 10 años después. Imagina que un domingo de verano decides coger el coche para pasar el día con tus hijos en el campo. Habéis preparado un picnic, los bañadores y unos cubos para pescar cangrejos. Imagina que, en la salida de un pueblo, yendo despacito, le ves. Lo reconoces, nunca olvidarás esa cara. Se te acelera el corazón y te sudan las manos. Conduce, ¡otra vez al volante de un coche! Te preguntas por qué. Agradeces a la vida no habértelo cruzado rápido, o borracho, no lo sabes. La recuerdas. Por un segundo sientes en tu cuerpo el impacto que sufrió, la vida escaparse por las yemas de los dedos. Su eterna sonrisa. El vacío que ese día se te abrió y se te instaló hasta hoy en el pecho. Paras el coche y rompes a llorar.

 

En España unas 1.800 personas mueren al año en accidentes de tráfico, lo que significa cuatro de cada 100.000 habitantes. En Toledo, esta cifra es particularmente alta, mostrando casi el doble de muertos (ratio de 7,3 por 100.000 habitantes, 50 muertos anuales). Dentro de los accidentes mortales, al menos un 23% están relacionados con el consumo de alcohol y drogas al volante. Todos ellos serían evitables. Beber alcohol multiplica por nueve el riesgo de causar un accidente. Doce de cada cien conductores cogerán el coche después de haber consumido alguna sustancia psicoactiva y cuatro de cada diez conductores fallecidos darán positivo en alcohol. En España más de 450 conductores dan positivo en alcohol o drogas cada día y desde 2014 se han multado a 3.500 conductores reincidentes, esto es, con al menos dos multas en menos de dos años. Datos para el 2017, Dirección General de Tráfico y RACE.

Es de vital importancia entender y aplicar la tolerancia cero ante el consumo de alcohol y drogas al volante. Sólo imagina, podrías ser tú.

 

PAULA MARTÍN

Septiembre 2019

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