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A/A.- Rosa Regás
He tenido ocasión de leer su artículo del pasado día 11 de Julio titulado “Los límites que nos cercan”.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/2011/07/11/los-limites-que-nos-cercan.html
Debo de reconocer que me sorprendió, no por el hecho de que una mujer de 77 años condujera a una velocidad de 250 km/h por una carretera de la provincia de Tarragona, sino por el trato y el halago que usted hacía de esa osadía.
Empieza diciendo que la noticia de la detención de esta mujer, “no tenía la mayor importancia”, continúa manifestando el “entusiasmo de su amiga ante ese hecho, por haberse atrevido a hacerlo, incluso sin tener carné de conducir”, y así hasta un sinfín de despropósitos venerando el hecho acaecido.
Permítame decirle, que lo que esta mujer septuagenaria ha hecho ha sito una absoluta temeridad, no por su edad (que también influye puesto que nuestros reflejos no son los mismos), si no por el hecho de la excesiva velocidad que llevaba, y el no tener carné de conducir.
Bien es cierto que nunca hasta ese momento se la había detenido por ninguna causa, pero lo que no se puede hacer es alabar y ensalzar de esa manera una conducta tan peligrosa y que puede acarrear no solo la muerte del que conduce, sino de otras personas que no tienen ninguna culpa de ello.
Si todos hiciéramos lo que nos diese la gana, no se podría vivir, y si esto lo trasladamos al tráfico, ni qué decir tiene que todos los días habrían un gran número de muertos y lesionados graves y leves en nuestras carreteras y ciudades; esto no es la ley de la selva, existe un Código de Circulación, el cual TODOS debemos de respetar, para poder preservar nuestra integridad y la de las demás personas dentro del tráfico.
Para terminar quiero decirle que desde luego lo que esta mujer ha hecho es un atrevimiento, una osadía, pero para nada ha tenido un ápice de coraje. No debe de dar ánimos a que se actúe de esta forma, las mujeres debemos de ser atrevidas, osadas y tener coraje, pero en otros aspectos de la vida, no precisamente en uno que nos puede llevar a la tumba, o lo que es peor, podemos matar a alguien inocente. Lo único que ha conseguido con este artículo ha sido el alentar a otras personas a que hagan lo mismo, y desde luego, como mujer atrevida, osada y con coraje que me considero, no puedo manifestar otra cosa que mi más completa repulsa a ese artículo. Podía haberse fijado en todas las mujeres que estamos en Stop Accidentes, que somos madres (la mayoría de nosotras), a las que nos han matado a un hijo/a en un siniestro de tráfico, y hemos tenido (y tenemos), el valor, atrevimiento y osadía de luchar, luchar por ayudar a las víctimas y luchar contra las Administraciones para que tal y como está ocurriendo, vayan disminuyendo el número de víctimas, y a ser posible podamos decir que en nuestro país no ocurren siniestros de tráfico por culpa de la negligencia de las personas, simplemente ocurren accidentes, que como su palabra indica es algo casual y fortuito.
Ana Novella Reig.
Presidente Asociación Stop Accidentes.-
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