Hay un detalle importante en esto de los accidentes de tráfico que escapa al común de los mortales, y es qué, en este universo que todo es dual, la causa de los accidente, que dan como 'resultado' tanta desgracia y muerte, no se escapa a esta máxima universal, pero he aquí, que a la hora de solventar este problema, solo se considera con especial interés a una de las partes actoras de esta dualidad, y claro, por más que le aticemos a esa parte, si la otra no asume mínimamente su responsabilidad, o se le señala claramente, nos encontramos con qué este problema que debería estar totalmente solventado a día de hoy, ya que se dispone de todos lo medios para ello y de fácil aplicación, no se le ve todavía el fin.
Imaginemos que contratamos a una empresa de seguridad para que proteja nuestra casa del posible interés de los ladrones. Aportamos el dinero que se estima necesario para cubrir íntegramente esa seguridad, pero resulta que el ladrón, de igual modo, entra en nuestra vivienda y nos roba. Si la empresa de seguridad contratada ha actuado en función del dinero aportado y lo contratado, ha cumplido íntegramente con sus obligaciones, pero a pesar de eso no han sido suficiente, y el ladrón, mas listo, se ha saltado todas las medidas de seguridad, obviamente poco podremos reprochar a la empresa de seguridad, y a quien si tenemos que perseguir y atizarle es al ladrón, y en todo caso, exigirnos más a nosotros mismos, en un mayor esfuerzo económico, para proveernos de más medios, efectivos de seguridad, y si los medios tecnológicos o nuestras posibilidades económicas no dan para más, pues tener que aceptar ese riesgo. Pero, si resulta que el encargado de nuestra seguridad, aun habiendo aportado el dinero suficiente, está mas interesado en otras cosas, sin prestar la mínima y necesaria atención a nuestra seguridad y gastándose gran parte del dinero que hemos puesto para ello, en otros menesteres que nada tienen que ver, y además con malas artes para hacer mas negocio con nuestro temor, obviamente, le atizaremos también al vigilante.
Pues es eso exactamente lo que no ocurre con la seguridad en nuestras carreteras, que no le atizamos al de seguridad cuando incumple flagrante con su responsabilidad, solo le atizamos al "ladrón", y es más, lo que deberíamos atizarle al de seguridad, se lo incrementamos como extra al ladrón.
La responsabilidad en la gestión de la seguridad en el tráfico, esta diluida en la nada en una de sus partes actoras, y pase lo que pase, en nuestras carreteras, el responsable en esta dualidad en 'corresponsabilidad en resultado' de accidente, y su gravedad, siempre está en la misma parte, el conductor, por que al fin y al cabo es quien se salta las normas, o comete el error, y eso, saben restregárnoslo muy bien en los morros, la otra parte 'corresponsable', el Estado. El conductor, efectivamente, es quien induce o provoca el accidente, pero no es responsable integro en los 'resultados' que esto produce. Pues para eso, pare que esos resultados catastróficos que se dan en nuestras carreteras por el error o negligencia del conductor sean anticipados o atenuados, ponemos nuestro dinero y nuestra confianza en el Estado. Nuestra seguridad no depende solo, o en mayor parte, en conseguir conductor responsables, perfectos e infalibles, sino también, en poner los medios que impidan que cualquier conducta humana, produzca unos resultados tan desgraciados. Y esos medios están, solo que no se aplican. Y en la responsabilidad global de un accidente está en igual medida esa omisión.
Parece difícil dilucidar qué parte de responsabilidad tienen nuestras autoridades, al no invertir debidamente nuestro dinero, en la aplicación de los medios tecnológicos necesarios y al alcance, para evitarnos los accidente o su gravedad, y controlar, anticipando y atenuando esa posible parte de irresponsabilidad o errores en la acción del conductor. Parece difícil averiguar como se reparte esa corresponsabilidad, en resultado de accidente, de un error o negligencia, verdad? Pues no. Esa responsabilidad en cada parte es fácilmente cuantificable, y con total exactitud, proporción y justicia. Os soprenderías al descubrir que la responsabilidad de los accidentes de trafico, en sus 'resultados' de tan alto número y de tanta gravedad, tal y como se está gestionando ahora, es muy próxima a la totalidad, casi al cien por cien, por parte de los estados de las naciones. Cosa que matemáticamente es muy sencillo demostrar, es más, reto públicamente, desde estas líneas, ante cualquier político, o experto en la materia que defienda a esta casta, a demostrar que esto es así. Hoy, existe la tecnología, los medios y la disponibilidad económica puesta a disposición, en manos de nuestros dirigente, con solo aplicar una gestión en el orden de prioridades que requiere esta dramática situación, para evitar la práctica totalidad de los accidentes de tráfico y en el extremo caso que se produjeran, restarle toda gravedad, y dejarlos como algo puramente anecdótico, lo que se debería entender por un accidente sin mas importancia, y no, como una desproporcionada, anunciada, sangrante y dramática rutina.
Pero parece más fácil achacar la responsabilidad solo a una de las partes del problema, al conductor, así de bien nos lo tragamos todos, y así es más fácil desviar un dinero que debería invertirse en nuestra seguridad, para otras cuestiones de menos relevancia e interés social, pero eso si, que les luce mucho mas a ellos. Y con poner normas de obligado cumplimiento parece suficiente, dando la sensación que termina ahí su responsabilidad, pues cuando piensan en reducir los accidentes de trafico, lo primero y casi único que se les ocurre es recrudecer las medidas sancionadoras. Y mientras tanto, por ejemplo, mantienen puntos negros en nuestras carreteras con total impunidad, teniendo y disponiendo sobradamente de los medios para solucionarlo, como por ejemplo también, perpetuar estos sistemas de “protección y seguridad” vallados, donde la gente se degüella, se amputa, o se parte el espinazo, y nadie llama a la responsabilidad homicida por estas omisiones o acciones. Ellos campean tan agustito a sus anchas, en su irresponsabilidad, mirando para otro lado y gastándose nuestro dinero en otras cosas de mucha menos entidad, y con la miserable actitud de liarse a palos con nosotros cada vez que se les pide que hagan algo.
A pesar de la inconsciencia, brutalidad e irresponsabilidad sin vergüenza que hay en nuestros dirigentes con esta acciones u omisiones, todavía hay un pequeño detalle en esta irresponsable y ruin gestión, que si lo pilláis, seguro os removerá en vuestros asientos.
Hemos dicho que hoy existe la disponibilidad económica, de medios tecnológicos y sistemas, sobradamente probada su eficacia para dejar a cero los accidentes de tráfico cotidianos, o restarles toda gravedad en el extremo caso que se produjeran, pero parece ser que a nuestros gobernantes, les tienen mas cariño, como solución, el llevarnos bien apaleados, y fundamentalmente por la suculenta parte recaudatoria que ello proporciona. Bueno, esto, en cierta media esta razonablemente justificado, por que de alguna manera los gastos de ayuda, seguridad y vigilancia en nuestras carreteras tienen que salir de alguna parte, y justo es que los costeemos en función de nuestra actitud negligente e irresponsable en la conducción. El problema es cuando el objetivo recaudatorio deja de ser un medio para este fin, y se hace una finalidad en si mismo, y así el ansia por recaudar se dispara. En ese caso, vemos por ejemplo (podríamos enumera muchos más, todos, que son bastantes, pero por limitaciones obvias, de espacio aquí, ponemos solo este ejemplo) como es el asunto del control de la velocidad con la persecución con radares, y poniendo estos, especialmente en lugares donde no hay riego que lo justifique. En esos lugares, donde generalmente y con mas interés se coloca el radar, no ocurren nunca accidentes, y por tanto la sensación de riesgo es mucho menor para el conductor, por lo que se confía más y así es fácilmente 'cazado', sin embargo no los hay en lugares que si ocurren accidente, en puntos negros de vías secundarias, por ejemplo, donde si puede haber accidentes por exceso de velocidad, pero por esa misma razón la gente es más cauta y apenas pueden 'cazar' a uno o dos conductores en toda una jornada. El coste de una radar fijo, con esa baja rentabilidad, nunca justificaría que se instalase en ese punto negro por más gente que se matase por exceso de velocidad. Es decir, que los criterios de ubicación de un radar, no es directamente proporcional a las necesidades de seguridad de ese punto, si no, a sus posibilidades recaudatorias, es decir, a la confianza de los conductores que generan las características de ese punto por su escaso riesgo y evidentemente por que nunca ocurre nada por esa razón.
Pero estas ansias recaudatorias, el meternos mano en el bolsillo de esta forma tan descarada, sin vergüenza y usurera, no es su peor consecuencia. El problema, es que mientras haya este filón recaudatorio para nuestros gobernantes, no se pondrán medidas de verdadera eficacia para solucionar este problema. Es decir, la ley, las normas se pueden hacer cumplir de diferentes modos, y en este caso la más efectiva, pues controlaría la totalidad de vehículos, sería poner 'limitadores de velocidad adecuada', (no solo limitada la velocidad punta, sino especifica a cada vía y circunstancia, con límites ajustados al riego real -no al afán recaudatorio- y con márgenes añadidos para vehículos con más prestaciones o extras de seguridad que garanticen un mismo comportamiento en seguridad). Es decir, que la solución tecnológica, que está perfectamente al alcance, experimentada y sencilla de aplicar, y seria la que dejaría a cero los accidentes por esta razón, no se aplica, por la sencilla razón que no les deja dinero. El llevarnos apaleados, en cierta medida nos pone a raya, pero no del todo, ni a todos, esa solución, solo es muy limitada, y en un porcentaje mas bien bajo, pues hay mucha gente que aun asume el riesgo de ser pillado y andan normalmente a bastante mas de la velocidad permitida, y como además, es una solución tremendamente injusta, por que el palo es proporcional al poder adquisitivo de la gente, pues para la gente rica, cualquier cantidad de dinero con la que se le sancione, es apenas una regañina, y pueden permitirse el saltarse las normas sin problema, pues lo consideran como un aceptable peaje de impunidad. Pero para los pobres, a poco que nos despistemos con algunas de estas brutales sanciones económicas, nos hunden definitivamente en la miseria por un buen tiempo.
Es decir, tenemos una solución técnica: 'Limitadores de velocidad adecuada', que ejercen un control y eficacia absoluta sobre todos los vehículos sin excepción, en toda situación y circunstancia, y pudiéndose añadir margenes de mayor libertad dentro de unas razonables y contrastadas garantías de seguridad, erradicando así el riesgo de accidentalidad por esta causa, y tenemos una solución primitiva, burda y degradante para una sociedad que se considera adulta: 'El castigo', que nos proporciona una solución muy limitada, y además injusta, pues la dureza del castigo es proporcional a nuestra capacidad económica. (Esto es así de desproporcionado, entre otras, por que la gente que fija estas cantidades sancionadoras, tienen emolumentos bastante mas elevados que la inmensa mayoría de a quienes va destina estas sanciones, y las cuantías de las sanciones, para sus ingresos, pueden ser razonables, proporcionales a la falta, y jamás afecta a la provisión de sus necesidades básicas, y como viven encastillados en ese mundo, con ese referente en nivel de vida, pues no se identifican con los problemas y necesidades de quienes gobiernan, ni se enteran de las realidades que se sufren consecuencia de sus decisiones. Y en cuanto al carnet por puntos, esta gente en ningún caso necesitan el carnet como herramienta de trabajo, ni para desplazarse a él, pues cuando se dignan a asistir al trabajo, siempre les queda el recurso del desplazamiento público, el caro y cómodo, por supuesto, que llega a todos los sitios, y que claro, les pagamos entre todos) sin embargo el 'castigo' la medida mas ineficaz, injusta y degradante, es la que se aplica.
Matar por dinero, o permitir que la gente muera por dinero, tiene su nombre.Yo imagino a algún ministro del ramo y del buen hacer, que siempre los hay, en una reunión de ministros proponiendo esta idea de los limitadores de velocidad. Quizás sin haber parado a pensar, pues la gente de buena voluntad, cuando se dejan llevar entusiasmados por el correcto servir, no piensan, a veces, en todos los inconvenientes, ya que aplicar esta medida de seguridad significaría que de la noche a la mañana, desapareciese una fuente de ingresos muy suculenta para el Estado, en especial para los que en Él mangonean. ¿Os imagináis entrar en esa reunión, con toda la ilusión del mundo, llevando esa genial idea que puede salvar muchas vidas de forma sencilla, civilizada, sin castigos, exponiéndola así con gran orgullo a su 'presi'? ¿Os imagináis entrar diciendo: !Hola chicos, tengo una solución genial para evitar un número importante de muertes y heridos en nuestras carreteras.....! ...., y salir de inmediato a gorrazos?..., MAFIOSILLOS ellos, verdad?
Hay un detalle importante en esto de los accidentes de tráfico que escapa al común de los mortales, y es qué, en este universo que todo es dual, la causa de los accidente, que dan como 'resultado' tanta desgracia y muerte, no se escapa a esta máxima universal, pero he aquí, que a la hora de solventar este problema, solo se considera con especial interés a una de las partes actoras de esta dualidad, y claro, por más caña que le demos a esa parte, si la otra no asume mínimamente su responsabilidad, o se le señala claramente, nos encontramos con qué este problema que debería estar totalmente solventado a día de hoy, ya que se dispone de todos lo medios para ello y de fácil aplicación, no se le ve todavía el fin.
Imaginemos que contratamos a una empresa de seguridad para que proteja nuestra casa del posible interés de los ladrones. Aportamos el dinero que se estima necesario para cubrir íntegramente esa seguridad, pero resulta que el ladrón, de igual modo, entra en nuestra vivienda y nos roba. Si la empresa de seguridad contratada ha actuado en función del dinero aportado y lo contratado, ha cumplido íntegramente con sus obligaciones, pero a pesar de eso no han sido suficiente, y el ladrón, mas listo, se ha saltado todas las medidas de seguridad, obviamente poco podremos reprochar a la empresa de seguridad, y a quien si tenemos que perseguir y atizarle es al ladrón, y en todo caso, exigirnos más a nosotros mismos, en un mayor esfuerzo económico, para proveernos de más medios, efectivos de seguridad, y si los medios tecnológicos o nuestras posibilidades económicas no dan para más, pues tener que aceptar ese riesgo. Pero, si resulta que el encargado de nuestra seguridad, aun habiendo aportado el dinero suficiente, está mas interesado en otras cosas, sin prestar la mínima y necesaria atención a nuestra seguridad y gastándose gran parte del dinero que hemos puesto para ello, en otros menesteres que nada tienen que ver, y con malas artes para hacer mas negocio con nuestro temor, obviamente, le atizaremos también al vigilante.
Pues es eso exactamente lo que no ocurre con la seguridad en nuestras carreteras, que no le atizamos al de seguridad cuando incumple flagrante con su responsabilidad, solo le atizamos al "ladrón", y es más, lo que deberíamos atizarle al de seguridad, se lo incrementamos como extra al ladrón.
La responsabilidad en la gestión de la seguridad en el tráfico, esta diluida en la nada en una de sus partes actoras, y pase lo que pase, en nuestras carreteras, el responsable en esta dualidad en 'corresponsabilidad en resultado' de accidente, y su gravedad, siempre está en la misma parte, el conductor, por que al fin y al cabo es quien se salta las normas, o comete el error, y eso, saben restregárnoslo muy bien en los morros, la otra parte 'corresponsable'. El conductor, efectivamente, es quien induce o provoca el accidente, pero no es responsable integro en los 'resultados' que esto produce. Pues para eso, pare que esos resultados catastróficos que se dan en nuestras carreteras por el error o negligencia del conductor sean anticipados o atenuados, ponemos nuestro dinero y nuestra confianza en el Estado. Nuestra seguridad no depende solo, o en mayor parte, en conseguir conductor responsables, perfectos e infalibles, sino también, en poner los medios que impidan que cualquier conducta humana, produzca unos resultados tan desgraciados. Y esos medios están, solo que no se aplican. Y en la responsabilidad global de un accidente está en igual medida esa omisión.
Parece difícil dilucidar qué parte de responsabilidad tienen nuestras autoridades, al no invertir debidamente nuestro dinero, en la aplicación de los medios tecnológicos necesarios y al alcance, para evitarnos los accidente o su gravedad, y controlar, anticipando y atenuando esa parte de irresponsabilidad o errores en la acción del conductor. Parece difícil averiguar como se reparte esa corresponsabilidad, en resultado de accidente, de un error o negligencia, verdad? Pues no. Esa responsabilidad en cada parte es fácilmente cuantificable, y con total exactitud, proporción y justicia. Fliparías al descubrir que la responsabilidad de los accidentes de trafico, en sus 'resultados' de tan alto número y de tanta gravedad, tal y como se está gestionando ahora, es muy próxima a la totalidad, casi al cien por cien, por parte de los estados de las naciones. Cosa que matemáticamente es muy sencillo demostrar, es más, reto públicamente, desde estas líneas, ante cualquier político, o experto en la materia que defienda a esta casta, a demostrar que esto es así. Hoy, existe la tecnología, los medios y la disponibilidad económica puesta a disposición, en manos de nuestros dirigente, con solo aplicar una gestión en el orden de prioridades que requiere esta dramática situación, para evitar la práctica totalidad de los accidentes de tráfico y en el extremo caso que se produjeran, restarle toda gravedad, y dejarlos como algo puramente anecdótico, lo que se debería entender por un accidente sin mas importancia, y no, como una desproporcionada, anunciada, sangrante y dramática rutina.
Pero parece más fácil achacar la responsabilidad solo a una de las partes del problema, al conductor, así de bien nos lo tragamos todos, y así es más fácil desviar un dinero que debería invertirse en nuestra seguridad, para otras cuestiones de menos relevancia e interés social, pero eso si, que les luce mucho mas a ellos, y con poner normas de obligado cumplimiento parece suficiente, dando la sensación que termina ahí su responsabilidad, pues cuando piensan en reducir los accidentes de trafico, lo primero y casi único que se les ocurre es recrudecer las medidas sancionadoras. Y mientras tanto, por ejemplo, mantienen puntos negros en nuestras carreteras con total impunidad, teniendo y disponiendo sobradamente de los medios para solucionarlo, como por ejemplo también, perpetuar estos sistemas de “protección y seguridad” vallados, donde la gente se degüella, se amputa, o se parte el espinazo, y nadie llama a la responsabilidad homicida por estas omisiones o acciones. Ellos campean tan agustito a sus anchas, en su irresponsabilidad, mirando para otro lado y gastándose nuestro dinero en otras cosas de mucha menos entidad, y con la miserable actitud de liarse a palos con nosotros cada vez que se les pide que hagan algo.
A pesar de la inconsciencia, brutalidad e irresponsabilidad sin vergüenza que hay en nuestros dirigentes con esta acciones u omisiones, todavía hay un pequeño detalle en esta irresponsable y ruin gestión, que si lo pilláis, seguro os removerá en vuestros asientos.
Hemos dicho que hoy existe la disponibilidad económica, de medios tecnológicos y sistemas, sobradamente probada su eficacia para dejar a cero los accidentes de tráfico o restarles toda gravedad en el extremo caso que se produjeran, pero parece ser que a nuestros gobernantes, les tienen mas cariño, como solución, el llevarnos bien apaleados, y fundamentalmente por la suculenta parte recaudatoria que ello proporciona. Bueno, esto, en cierta media esta razonablemente justificado, por que de alguna manera los gastos de ayuda, seguridad y vigilancia en nuestras carreteras tienen que salir de alguna parte, y justo es que los costeemos en función de nuestra actitud negligente e irresponsable en la conducción. El problema es cuando el objetivo recaudatorio deja de ser un medio para este fin, y se hace una finalidad en si mismo, y así el ansia por recaudar se dispara. En ese caso, vemos por ejemplo (podríamos enumera muchos más, todos, que son bastantes, pero por limitaciones obvias, de espacio aquí, ponemos solo este ejemplo) como es el asunto del control de la velocidad con la persecución con radares, y poniendo estos, especialmente en lugares donde no hay riego que lo justifique. En esos lugares, donde generalmente y con mas interés se coloca el radar, no ocurren nunca accidentes, y por tanto la sensación de riesgo es mucho menor para el conductor, por lo que se confía más y así es fácilmente 'cazado', sin embargo no los hay en lugares que si ocurren accidente, en puntos negros de vías secundarias, por ejemplo, donde si puede haber accidentes por exceso de velocidad, pero por esa misma razón la gente es más cauta y apenas pueden 'cazar' a uno o dos conductores en toda una jornada. El coste de una radar fijo, con esa baja rentabilidad, nunca justificaría que se instalase en ese punto negro por más gente que se matase por exceso de velocidad. Es decir, que los criterios de ubicación de un radar, no es directamente proporcional a las necesidades de seguridad de ese punto, si no, a sus posibilidades recaudatorias, es decir, a la confianza de los conductores que generan las características de ese punto por su escaso riesgo y evidentemente por que nunca ocurre nada por esa razón.
Pero estas ansias recaudatorias, el meternos mano en el bolsillo de esta forma tan descarada, sin vergüenza y usurera, no es su peor consecuencia. El problema, es que mientras haya este filón recaudatorio para nuestros gobernantes, no se pondrán medidas de verdadera eficacia para solucionar este problema. Es decir, la ley, las normas se pueden hacer cumplir de diferentes modos, y en este caso la más efectiva, pues controlaría la totalidad de vehículos, sería poner 'limitadores de velocidad adecuada', (no solo limitada la velocidad punta, sino especifica a cada vía y circunstancia, con límites ajustados al riego real -no al afán recaudatorio- y con márgenes añadidos para vehículos con más prestaciones o extras de seguridad que garanticen un mismo comportamiento en seguridad). Es decir, que la solución tecnológica, que está perfectamente al alcance, experimentada y sencilla de aplicar, y seria la que dejaría a cero los accidentes por esta razón, no se aplica, por la sencilla razón que no les deja dinero. El llevarnos apaleados, en cierta medida nos pone a raya, pero no del todo, ni a todos, esa solución, solo es muy limitada, y en un porcentaje mas bien bajo, pues hay mucha gente que aun asume el riesgo de ser pillado y andan normalmente a bastante mas de la velocidad permitida, y como además, es una solución tremendamente injusta, por que el palo es proporcional al poder adquisitivo de la gente, pues para la gente rica, cualquier cantidad de dinero con la que se le sancione, es apenas una regañina, y pueden permitirse el saltarse las normas sin problema, pues lo consideran como un aceptable peaje de impunidad. Pero para los pobres, a poco que nos despistemos con algunas de estas brutales sanciones económicas, nos hunden definitivamente en la miseria por un buen tiempo.
Es decir, tenemos una solución técnica: 'Limitadores de velocidad adecuada', que ejercen un control y eficacia absoluta sobre todos los vehículos sin excepción, y en toda situación y circunstancia, con margenes de mayor libertad dentro de unas razonables garantías de seguridad, y erradicando así el riesgo de accidentalidad por esta causa, y tenemos una solución primitiva, burda y degradante para una sociedad que se considera adulta: 'El castigo', que nos proporciona una solución muy limitada, y además injusta, pues la dureza del castigo es proporcional a nuestra capacidad económica. (Esto es así de desproporcionado, entre otras, por que la gente que fija estas cantidades sancionadoras, tienen emolumentos bastante mas elevados que la inmensa mayoría de a quienes va destina estas sanciones, y las cuantías de las sanciones, para sus ingresos, pueden ser razonables, proporcionales a la falta, y jamás afecta a la provisión de sus necesidades básicas, y como viven encastillados en ese mundo, con ese referente en nivel de vida, pues no se identifican con los problemas y necesidades de quienes gobiernan, ni se enteran de las realidades que se sufren consecuencia de sus decisiones. Y en cuanto al carnet por puntos, esta gente en ningún caso necesitan el carnet como herramienta de trabajo, ni para desplazarse a él, pues cuando se dignan a asistir al trabajo, siempre les queda el recurso del desplazamiento público, el caro y cómodo, por supuesto, que llega a todos los sitios, y que claro, les pagamos entre todos) sin embargo el 'castigo' la medida mas ineficaz, injusta y degradante, es la que se aplica.
Matar por dinero, o permitir que la gente muera por dinero, tiene su nombre.Yo imagino a algún ministro del ramo y del buen hacer, que siempre los hay, en una reunión de ministros proponiendo esta idea de los limitadores de velocidad. Quizás sin haber parado a pensar, pues la gente de buena voluntad, cuando se dejan llevar entusiasmados por el correcto servir, no piensan, a veces, en todos los inconvenientes, ya que aplicar esta medida de seguridad significaría que de la noche a la mañana, desapareciese una fuente de ingresos muy suculenta para el Estado, en especial para los que en Él mangonean. ¿Os imagináis entrar en esa reunión, con toda la ilusión del mundo, llevando esa genial idea que puede salvar muchas vidas de forma sencilla, civilizada, sin castigos, exponiéndola así con gran orgullo a su 'presi'? ¿Os imagináis entrar diciendo: !Hola chicos, tengo una solución genial para evitar un número importante de muertes y heridos en nuestras carreteras.....! ...., y salir de inmediato a gorrazos?..., MAFIOSILLOS ellos, verdad?
Hay un detalle importante en esto de los accidentes de tráfico que escapa al común de los mortales, y es qué, en este universo que todo es dual, la causa de los accidente, que dan como 'resultado' tanta desgracia y muerte, no se escapa a esta máxima universal, pero he aquí, que a la hora de solventar este problema, solo se considera con especial interés a una de las partes actoras de esta dualidad, y claro, por más caña que le demos a esa parte, si la otra no asume mínimamente su responsabilidad, o se le señala claramente, nos encontramos con qué este problema que debería estar totalmente solventado a día de hoy, ya que se dispone de todos lo medios para ello y de fácil aplicación, no se le ve todavía el fin.
Imaginemos que contratamos a una empresa de seguridad para que proteja nuestra casa del posible interés de los ladrones. Aportamos el dinero que se estima necesario para cubrir íntegramente esa seguridad, pero resulta que el ladrón, de igual modo, entra en nuestra vivienda y nos roba. Si la empresa de seguridad contratada ha actuado en función del dinero aportado y lo contratado, ha cumplido íntegramente con sus obligaciones, pero a pesar de eso no han sido suficiente, y el ladrón, mas listo, se ha saltado todas las medidas de seguridad, obviamente poco podremos reprochar a la empresa de seguridad, y a quien si tenemos que perseguir y atizarle es al ladrón, y en todo caso, exigirnos más a nosotros mismos, en un mayor esfuerzo económico, para proveernos de más medios, efectivos de seguridad, y si los medios tecnológicos o nuestras posibilidades económicas no dan para más, pues tener que aceptar ese riesgo. Pero, si resulta que el encargado de nuestra seguridad, aun habiendo aportado el dinero suficiente, está mas interesado en otras cosas, sin prestar la mínima y necesaria atención a nuestra seguridad y gastándose gran parte del dinero que hemos puesto para ello, en otros menesteres que nada tienen que ver, y con malas artes para hacer mas negocio con nuestro temor, obviamente, le atizaremos también al vigilante.
Pues es eso exactamente lo que no ocurre con la seguridad en nuestras carreteras, que no le atizamos al de seguridad cuando incumple flagrante con su responsabilidad, solo le atizamos al "ladrón", y es más, lo que deberíamos atizarle al de seguridad, se lo incrementamos como extra al ladrón.
La responsabilidad en la gestión de la seguridad en el tráfico, esta diluida en la nada en una de sus partes actoras, y pase lo que pase, en nuestras carreteras, el responsable en esta dualidad en 'corresponsabilidad en resultado' de accidente, y su gravedad, siempre está en la misma parte, el conductor, por que al fin y al cabo es quien se salta las normas, o comete el error, y eso, saben restregárnoslo muy bien en los morros, la otra parte 'corresponsable'. El conductor, efectivamente, es quien induce o provoca el accidente, pero no es responsable integro en los 'resultados' que esto produce. Pues para eso, pare que esos resultados catastróficos que se dan en nuestras carreteras por el error o negligencia del conductor sean anticipados o atenuados, ponemos nuestro dinero y nuestra confianza en el Estado. Nuestra seguridad no depende solo, o en mayor parte, en conseguir conductor responsables, perfectos e infalibles, sino también, en poner los medios que impidan que cualquier conducta humana, produzca unos resultados tan desgraciados. Y esos medios están, solo que no se aplican. Y en la responsabilidad global de un accidente está en igual medida esa omisión.
Parece difícil dilucidar qué parte de responsabilidad tienen nuestras autoridades, al no invertir debidamente nuestro dinero, en la aplicación de los medios tecnológicos necesarios y al alcance, para evitarnos los accidente o su gravedad, y controlar, anticipando y atenuando esa parte de irresponsabilidad o errores en la acción del conductor. Parece difícil averiguar como se reparte esa corresponsabilidad, en resultado de accidente, de un error o negligencia, verdad? Pues no. Esa responsabilidad en cada parte es fácilmente cuantificable, y con total exactitud, proporción y justicia. Fliparías al descubrir que la responsabilidad de los accidentes de trafico, en sus 'resultados' de tan alto número y de tanta gravedad, tal y como se está gestionando ahora, es muy próxima a la totalidad, casi al cien por cien, por parte de los estados de las naciones. Cosa que matemáticamente es muy sencillo demostrar, es más, reto públicamente, desde estas líneas, ante cualquier político, o experto en la materia que defienda a esta casta, a demostrar que esto es así. Hoy, existe la tecnología, los medios y la disponibilidad económica puesta a disposición, en manos de nuestros dirigente, con solo aplicar una gestión en el orden de prioridades que requiere esta dramática situación, para evitar la práctica totalidad de los accidentes de tráfico y en el extremo caso que se produjeran, restarle toda gravedad, y dejarlos como algo puramente anecdótico, lo que se debería entender por un accidente sin mas importancia, y no, como una desproporcionada, anunciada, sangrante y dramática rutina.
Pero parece más fácil achacar la responsabilidad solo a una de las partes del problema, al conductor, así de bien nos lo tragamos todos, y así es más fácil desviar un dinero que debería invertirse en nuestra seguridad, para otras cuestiones de menos relevancia e interés social, pero eso si, que les luce mucho mas a ellos, y con poner normas de obligado cumplimiento parece suficiente, dando la sensación que termina ahí su responsabilidad, pues cuando piensan en reducir los accidentes de trafico, lo primero y casi único que se les ocurre es recrudecer las medidas sancionadoras. Y mientras tanto, por ejemplo, mantienen puntos negros en nuestras carreteras con total impunidad, teniendo y disponiendo sobradamente de los medios para solucionarlo, como por ejemplo también, perpetuar estos sistemas de “protección y seguridad” vallados, donde la gente se degüella, se amputa, o se parte el espinazo, y nadie llama a la responsabilidad homicida por estas omisiones o acciones. Ellos campean tan agustito a sus anchas, en su irresponsabilidad, mirando para otro lado y gastándose nuestro dinero en otras cosas de mucha menos entidad, y con la miserable actitud de liarse a palos con nosotros cada vez que se les pide que hagan algo.
A pesar de la inconsciencia, brutalidad e irresponsabilidad sin vergüenza que hay en nuestros dirigentes con esta acciones u omisiones, todavía hay un pequeño detalle en esta irresponsable y ruin gestión, que si lo pilláis, seguro os removerá en vuestros asientos.
Hemos dicho que hoy existe la disponibilidad económica, de medios tecnológicos y sistemas, sobradamente probada su eficacia para dejar a cero los accidentes de tráfico o restarles toda gravedad en el extremo caso que se produjeran, pero parece ser que a nuestros gobernantes, les tienen mas cariño, como solución, el llevarnos bien apaleados, y fundamentalmente por la suculenta parte recaudatoria que ello proporciona. Bueno, esto, en cierta media esta razonablemente justificado, por que de alguna manera los gastos de ayuda, seguridad y vigilancia en nuestras carreteras tienen que salir de alguna parte, y justo es que los costeemos en función de nuestra actitud negligente e irresponsable en la conducción. El problema es cuando el objetivo recaudatorio deja de ser un medio para este fin, y se hace una finalidad en si mismo, y así el ansia por recaudar se dispara. En ese caso, vemos por ejemplo (podríamos enumera muchos más, todos, que son bastantes, pero por limitaciones obvias, de espacio aquí, ponemos solo este ejemplo) como es el asunto del control de la velocidad con la persecución con radares, y poniendo estos, especialmente en lugares donde no hay riego que lo justifique. En esos lugares, donde generalmente y con mas interés se coloca el radar, no ocurren nunca accidentes, y por tanto la sensación de riesgo es mucho menor para el conductor, por lo que se confía más y así es fácilmente 'cazado', sin embargo no los hay en lugares que si ocurren accidente, en puntos negros de vías secundarias, por ejemplo, donde si puede haber accidentes por exceso de velocidad, pero por esa misma razón la gente es más cauta y apenas pueden 'cazar' a uno o dos conductores en toda una jornada. El coste de una radar fijo, con esa baja rentabilidad, nunca justificaría que se instalase en ese punto negro por más gente que se matase por exceso de velocidad. Es decir, que los criterios de ubicación de un radar, no es directamente proporcional a las necesidades de seguridad de ese punto, si no, a sus posibilidades recaudatorias, es decir, a la confianza de los conductores que generan las características de ese punto por su escaso riesgo y evidentemente por que nunca ocurre nada por esa razón.
Pero estas ansias recaudatorias, el meternos mano en el bolsillo de esta forma tan descarada, sin vergüenza y usurera, no es su peor consecuencia. El problema, es que mientras haya este filón recaudatorio para nuestros gobernantes, no se pondrán medidas de verdadera eficacia para solucionar este problema. Es decir, la ley, las normas se pueden hacer cumplir de diferentes modos, y en este caso la más efectiva, pues controlaría la totalidad de vehículos, sería poner 'limitadores de velocidad adecuada', (no solo limitada la velocidad punta, sino especifica a cada vía y circunstancia, con límites ajustados al riego real -no al afán recaudatorio- y con márgenes añadidos para vehículos con más prestaciones o extras de seguridad que garanticen un mismo comportamiento en seguridad). Es decir, que la solución tecnológica, que está perfectamente al alcance, experimentada y sencilla de aplicar, y seria la que dejaría a cero los accidentes por esta razón, no se aplica, por la sencilla razón que no les deja dinero. El llevarnos apaleados, en cierta medida nos pone a raya, pero no del todo, ni a todos, esa solución, solo es muy limitada, y en un porcentaje mas bien bajo, pues hay mucha gente que aun asume el riesgo de ser pillado y andan normalmente a bastante mas de la velocidad permitida, y como además, es una solución tremendamente injusta, por que el palo es proporcional al poder adquisitivo de la gente, pues para la gente rica, cualquier cantidad de dinero con la que se le sancione, es apenas una regañina, y pueden permitirse el saltarse las normas sin problema, pues lo consideran como un aceptable peaje de impunidad. Pero para los pobres, a poco que nos despistemos con algunas de estas brutales sanciones económicas, nos hunden definitivamente en la miseria por un buen tiempo.
Es decir, tenemos una solución técnica: 'Limitadores de velocidad adecuada', que ejercen un control y eficacia absoluta sobre todos los vehículos sin excepción, y en toda situación y circunstancia, con margenes de mayor libertad dentro de unas razonables garantías de seguridad, y erradicando así el riesgo de accidentalidad por esta causa, y tenemos una solución primitiva, burda y degradante para una sociedad que se considera adulta: 'El castigo', que nos proporciona una solución muy limitada, y además injusta, pues la dureza del castigo es proporcional a nuestra capacidad económica. (Esto es así de desproporcionado, entre otras, por que la gente que fija estas cantidades sancionadoras, tienen emolumentos bastante mas elevados que la inmensa mayoría de a quienes va destina estas sanciones, y las cuantías de las sanciones, para sus ingresos, pueden ser razonables, proporcionales a la falta, y jamás afecta a la provisión de sus necesidades básicas, y como viven encastillados en ese mundo, con ese referente en nivel de vida, pues no se identifican con los problemas y necesidades de quienes gobiernan, ni se enteran de las realidades que se sufren consecuencia de sus decisiones. Y en cuanto al carnet por puntos, esta gente en ningún caso necesitan el carnet como herramienta de trabajo, ni para desplazarse a él, pues cuando se dignan a asistir al trabajo, siempre les queda el recurso del desplazamiento público, el caro y cómodo, por supuesto, que llega a todos los sitios, y que claro, les pagamos entre todos) sin embargo el 'castigo' la medida mas ineficaz, injusta y degradante, es la que se aplica.
Matar por dinero, o permitir que la gente muera por dinero, tiene su nombre.Yo imagino a algún ministro del ramo y del buen hacer, que siempre los hay, en una reunión de ministros proponiendo esta idea de los limitadores de velocidad. Quizás sin haber parado a pensar, pues la gente de buena voluntad, cuando se dejan llevar entusiasmados por el correcto servir, no piensan, a veces, en todos los inconvenientes, ya que aplicar esta medida de seguridad significaría que de la noche a la mañana, desapareciese una fuente de ingresos muy suculenta para el Estado, en especial para los que en Él mangonean. ¿Os imagináis entrar en esa reunión, con toda la ilusión del mundo, llevando esa genial idea que puede salvar muchas vidas de forma sencilla, civilizada, sin castigos, exponiéndola así con gran orgullo a su 'presi'? ¿Os imagináis entrar diciendo: !Hola chicos, tengo una solución genial para evitar un número importante de muertes y heridos en nuestras carreteras.....! ...., y salir de inmediato a gorrazos?..., MAFIOSILLOS ellos, verdad?
Hay un detalle importante en esto de los accidentes de tráfico que escapa al común de los mortales, y es qué, en este universo que todo es dual, la causa de los accidente, que dan como 'resultado' tanta desgracia y muerte, no se escapa a esta máxima universal, pero he aquí, que a la hora de solventar este problema, solo se considera con especial interés a una de las partes actoras de esta dualidad, y claro, por más caña que le demos a esa parte, si la otra no asume mínimamente su responsabilidad, o se le señala claramente, nos encontramos con qué este problema que debería estar totalmente solventado a día de hoy, ya que se dispone de todos lo medios para ello y de fácil aplicación, no se le ve todavía el fin.
Imaginemos que contratamos a una empresa de seguridad para que proteja nuestra casa del posible interés de los ladrones. Aportamos el dinero que se estima necesario para cubrir íntegramente esa seguridad, pero resulta que el ladrón, de igual modo, entra en nuestra vivienda y nos roba. Si la empresa de seguridad contratada ha actuado en función del dinero aportado y lo contratado, ha cumplido íntegramente con sus obligaciones, pero a pesar de eso no han sido suficiente, y el ladrón, mas listo, se ha saltado todas las medidas de seguridad, obviamente poco podremos reprochar a la empresa de seguridad, y a quien si tenemos que perseguir y atizarle es al ladrón, y en todo caso, exigirnos más a nosotros mismos, en un mayor esfuerzo económico, para proveernos de más medios, efectivos de seguridad, y si los medios tecnológicos o nuestras posibilidades económicas no dan para más, pues tener que aceptar ese riesgo. Pero, si resulta que el encargado de nuestra seguridad, aun habiendo aportado el dinero suficiente, está mas interesado en otras cosas, sin prestar la mínima y necesaria atención a nuestra seguridad y gastándose gran parte del dinero que hemos puesto para ello, en otros menesteres que nada tienen que ver, y con malas artes para hacer mas negocio con nuestro temor, obviamente, le atizaremos también al vigilante.
Pues es eso exactamente lo que no ocurre con la seguridad en nuestras carreteras, que no le atizamos al de seguridad cuando incumple flagrante con su responsabilidad, solo le atizamos al "ladrón", y es más, lo que deberíamos atizarle al de seguridad, se lo incrementamos como extra al ladrón.
La responsabilidad en la gestión de la seguridad en el tráfico, esta diluida en la nada en una de sus partes actoras, y pase lo que pase, en nuestras carreteras, el responsable en esta dualidad en 'corresponsabilidad en resultado' de accidente, y su gravedad, siempre está en la misma parte, el conductor, por que al fin y al cabo es quien se salta las normas, o comete el error, y eso, saben restregárnoslo muy bien en los morros, la otra parte 'corresponsable'. El conductor, efectivamente, es quien induce o provoca el accidente, pero no es responsable integro en los 'resultados' que esto produce. Pues para eso, pare que esos resultados catastróficos que se dan en nuestras carreteras por el error o negligencia del conductor sean anticipados o atenuados, ponemos nuestro dinero y nuestra confianza en el Estado. Nuestra seguridad no depende solo, o en mayor parte, en conseguir conductor responsables, perfectos e infalibles, sino también, en poner los medios que impidan que cualquier conducta humana, produzca unos resultados tan desgraciados. Y esos medios están, solo que no se aplican. Y en la responsabilidad global de un accidente está en igual medida esa omisión.
Parece difícil dilucidar qué parte de responsabilidad tienen nuestras autoridades, al no invertir debidamente nuestro dinero, en la aplicación de los medios tecnológicos necesarios y al alcance, para evitarnos los accidente o su gravedad, y controlar, anticipando y atenuando esa parte de irresponsabilidad o errores en la acción del conductor. Parece difícil averiguar como se reparte esa corresponsabilidad, en resultado de accidente, de un error o negligencia, verdad? Pues no. Esa responsabilidad en cada parte es fácilmente cuantificable, y con total exactitud, proporción y justicia. Fliparías al descubrir que la responsabilidad de los accidentes de trafico, en sus 'resultados' de tan alto número y de tanta gravedad, tal y como se está gestionando ahora, es muy próxima a la totalidad, casi al cien por cien, por parte de los estados de las naciones. Cosa que matemáticamente es muy sencillo demostrar, es más, reto públicamente, desde estas líneas, ante cualquier político, o experto en la materia que defienda a esta casta, a demostrar que esto es así. Hoy, existe la tecnología, los medios y la disponibilidad económica puesta a disposición, en manos de nuestros dirigente, con solo aplicar una gestión en el orden de prioridades que requiere esta dramática situación, para evitar la práctica totalidad de los accidentes de tráfico y en el extremo caso que se produjeran, restarle toda gravedad, y dejarlos como algo puramente anecdótico, lo que se debería entender por un accidente sin mas importancia, y no, como una desproporcionada, anunciada, sangrante y dramática rutina.
Pero parece más fácil achacar la responsabilidad solo a una de las partes del problema, al conductor, así de bien nos lo tragamos todos, y así es más fácil desviar un dinero que debería invertirse en nuestra seguridad, para otras cuestiones de menos relevancia e interés social, pero eso si, que les luce mucho mas a ellos, y con poner normas de obligado cumplimiento parece suficiente, dando la sensación que termina ahí su responsabilidad, pues cuando piensan en reducir los accidentes de trafico, lo primero y casi único que se les ocurre es recrudecer las medidas sancionadoras. Y mientras tanto, por ejemplo, mantienen puntos negros en nuestras carreteras con total impunidad, teniendo y disponiendo sobradamente de los medios para solucionarlo, como por ejemplo también, perpetuar estos sistemas de “protección y seguridad” vallados, donde la gente se degüella, se amputa, o se parte el espinazo, y nadie llama a la responsabilidad homicida por estas omisiones o acciones. Ellos campean tan agustito a sus anchas, en su irresponsabilidad, mirando para otro lado y gastándose nuestro dinero en otras cosas de mucha menos entidad, y con la miserable actitud de liarse a palos con nosotros cada vez que se les pide que hagan algo.
A pesar de la inconsciencia, brutalidad e irresponsabilidad sin vergüenza que hay en nuestros dirigentes con esta acciones u omisiones, todavía hay un pequeño detalle en esta irresponsable y ruin gestión, que si lo pilláis, seguro os removerá en vuestros asientos.
Hemos dicho que hoy existe la disponibilidad económica, de medios tecnológicos y sistemas, sobradamente probada su eficacia para dejar a cero los accidentes de tráfico o restarles toda gravedad en el extremo caso que se produjeran, pero parece ser que a nuestros gobernantes, les tienen mas cariño, como solución, el llevarnos bien apaleados, y fundamentalmente por la suculenta parte recaudatoria que ello proporciona. Bueno, esto, en cierta media esta razonablemente justificado, por que de alguna manera los gastos de ayuda, seguridad y vigilancia en nuestras carreteras tienen que salir de alguna parte, y justo es que los costeemos en función de nuestra actitud negligente e irresponsable en la conducción. El problema es cuando el objetivo recaudatorio deja de ser un medio para este fin, y se hace una finalidad en si mismo, y así el ansia por recaudar se dispara. En ese caso, vemos por ejemplo (podríamos enumera muchos más, todos, que son bastantes, pero por limitaciones obvias, de espacio aquí, ponemos solo este ejemplo) como es el asunto del control de la velocidad con la persecución con radares, y poniendo estos, especialmente en lugares donde no hay riego que lo justifique. En esos lugares, donde generalmente y con mas interés se coloca el radar, no ocurren nunca accidentes, y por tanto la sensación de riesgo es mucho menor para el conductor, por lo que se confía más y así es fácilmente 'cazado', sin embargo no los hay en lugares que si ocurren accidente, en puntos negros de vías secundarias, por ejemplo, donde si puede haber accidentes por exceso de velocidad, pero por esa misma razón la gente es más cauta y apenas pueden 'cazar' a uno o dos conductores en toda una jornada. El coste de una radar fijo, con esa baja rentabilidad, nunca justificaría que se instalase en ese punto negro por más gente que se matase por exceso de velocidad. Es decir, que los criterios de ubicación de un radar, no es directamente proporcional a las necesidades de seguridad de ese punto, si no, a sus posibilidades recaudatorias, es decir, a la confianza de los conductores que generan las características de ese punto por su escaso riesgo y evidentemente por que nunca ocurre nada por esa razón.
Pero estas ansias recaudatorias, el meternos mano en el bolsillo de esta forma tan descarada, sin vergüenza y usurera, no es su peor consecuencia. El problema, es que mientras haya este filón recaudatorio para nuestros gobernantes, no se pondrán medidas de verdadera eficacia para solucionar este problema. Es decir, la ley, las normas se pueden hacer cumplir de diferentes modos, y en este caso la más efectiva, pues controlaría la totalidad de vehículos, sería poner 'limitadores de velocidad adecuada', (no solo limitada la velocidad punta, sino especifica a cada vía y circunstancia, con límites ajustados al riego real -no al afán recaudatorio- y con márgenes añadidos para vehículos con más prestaciones o extras de seguridad que garanticen un mismo comportamiento en seguridad). Es decir, que la solución tecnológica, que está perfectamente al alcance, experimentada y sencilla de aplicar, y seria la que dejaría a cero los accidentes por esta razón, no se aplica, por la sencilla razón que no les deja dinero. El llevarnos apaleados, en cierta medida nos pone a raya, pero no del todo, ni a todos, esa solución, solo es muy limitada, y en un porcentaje mas bien bajo, pues hay mucha gente que aun asume el riesgo de ser pillado y andan normalmente a bastante mas de la velocidad permitida, y como además, es una solución tremendamente injusta, por que el palo es proporcional al poder adquisitivo de la gente, pues para la gente rica, cualquier cantidad de dinero con la que se le sancione, es apenas una regañina, y pueden permitirse el saltarse las normas sin problema, pues lo consideran como un aceptable peaje de impunidad. Pero para los pobres, a poco que nos despistemos con algunas de estas brutales sanciones económicas, nos hunden definitivamente en la miseria por un buen tiempo.
Es decir, tenemos una solución técnica: 'Limitadores de velocidad adecuada', que ejercen un control y eficacia absoluta sobre todos los vehículos sin excepción, y en toda situación y circunstancia, con margenes de mayor libertad dentro de unas razonables garantías de seguridad, y erradicando así el riesgo de accidentalidad por esta causa, y tenemos una solución primitiva, burda y degradante para una sociedad que se considera adulta: 'El castigo', que nos proporciona una solución muy limitada, y además injusta, pues la dureza del castigo es proporcional a nuestra capacidad económica. (Esto es así de desproporcionado, entre otras, por que la gente que fija estas cantidades sancionadoras, tienen emolumentos bastante mas elevados que la inmensa mayoría de a quienes va destina estas sanciones, y las cuantías de las sanciones, para sus ingresos, pueden ser razonables, proporcionales a la falta, y jamás afecta a la provisión de sus necesidades básicas, y como viven encastillados en ese mundo, con ese referente en nivel de vida, pues no se identifican con los problemas y necesidades de quienes gobiernan, ni se enteran de las realidades que se sufren consecuencia de sus decisiones. Y en cuanto al carnet por puntos, esta gente en ningún caso necesitan el carnet como herramienta de trabajo, ni para desplazarse a él, pues cuando se dignan a asistir al trabajo, siempre les queda el recurso del desplazamiento público, el caro y cómodo, por supuesto, que llega a todos los sitios, y que claro, les pagamos entre todos) sin embargo el 'castigo' la medida mas ineficaz, injusta y degradante, es la que se aplica.
Matar por dinero, o permitir que la gente muera por dinero, tiene su nombre.Yo imagino a algún ministro del ramo y del buen hacer, que siempre los hay, en una reunión de ministros proponiendo esta idea de los limitadores de velocidad. Quizás sin haber parado a pensar, pues la gente de buena voluntad, cuando se dejan llevar entusiasmados por el correcto servir, no piensan, a veces, en todos los inconvenientes, ya que aplicar esta medida de seguridad significaría que de la noche a la mañana, desapareciese una fuente de ingresos muy suculenta para el Estado, en especial para los que en Él mangonean. ¿Os imagináis entrar en esa reunión, con toda la ilusión del mundo, llevando esa genial idea que puede salvar muchas vidas de forma sencilla, civilizada, sin castigos, exponiéndola así con gran orgullo a su 'presi'? ¿Os imagináis entrar diciendo: !Hola chicos, tengo una solución genial para evitar un número importante de muertes y heridos en nuestras carreteras.....! ...., y salir de inmediato a gorrazos?..., MAFIOSILLOS ellos, verdad?
Hay un detalle importante en esto de los accidentes de tráfico que escapa al común de los mortales, y es qué, en este universo que todo es dual, la causa de los accidente, que dan como 'resultado' tanta desgracia y muerte, no se escapa a esta máxima universal, pero he aquí, que a la hora de solventar este problema, solo se considera con especial interés a una de las partes actoras de esta dualidad, y claro, por más caña que le demos a esa parte, si la otra no asume mínimamente su responsabilidad, o se le señala claramente, nos encontramos con qué este problema que debería estar totalmente solventado a día de hoy, ya que se dispone de todos lo medios para ello y de fácil aplicación, no se le ve todavía el fin.
Imaginemos que contratamos a una empresa de seguridad para que proteja nuestra casa del posible interés de los ladrones. Aportamos el dinero que se estima necesario para cubrir íntegramente esa seguridad, pero resulta que el ladrón, de igual modo, entra en nuestra vivienda y nos roba. Si la empresa de seguridad contratada ha actuado en función del dinero aportado y lo contratado, ha cumplido íntegramente con sus obligaciones, pero a pesar de eso no han sido suficiente, y el ladrón, mas listo, se ha saltado todas las medidas de seguridad, obviamente poco podremos reprochar a la empresa de seguridad, y a quien si tenemos que perseguir y atizarle es al ladrón, y en todo caso, exigirnos más a nosotros mismos, en un mayor esfuerzo económico, para proveernos de más medios, efectivos de seguridad, y si los medios tecnológicos o nuestras posibilidades económicas no dan para más, pues tener que aceptar ese riesgo. Pero, si resulta que el encargado de nuestra seguridad, aun habiendo aportado el dinero suficiente, está mas interesado en otras cosas, sin prestar la mínima y necesaria atención a nuestra seguridad y gastándose gran parte del dinero que hemos puesto para ello, en otros menesteres que nada tienen que ver, y con malas artes para hacer mas negocio con nuestro temor, obviamente, le atizaremos también al vigilante.
Pues es eso exactamente lo que no ocurre con la seguridad en nuestras carreteras, que no le atizamos al de seguridad cuando incumple flagrante con su responsabilidad, solo le atizamos al "ladrón", y es más, lo que deberíamos atizarle al de seguridad, se lo incrementamos como extra al ladrón.
La responsabilidad en la gestión de la seguridad en el tráfico, esta diluida en la nada en una de sus partes actoras, y pase lo que pase, en nuestras carreteras, el responsable en esta dualidad e