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Holocausto automovilistico
Enviado por: El carpintero Holocausto automovilístico
La desaparecida tradición ritual de ofrecer sacrificios humanos para aplacar las iras de los dioses, tan arraigada en civilizaciones antiguas como babilonia, egipcia, semítica, precolombina, etc. nos pueden ofrecer una imagen barbara, propia de pueblos en estadios de evolución muy atrasados. Pero la dramatización en el cine, donde un joven o una joven virgen es sacrificada ante el altar como tributo de obediencia a los dioses, se nos antoja una burda inocentada comparado con los sacrificios humanos en masa provocados por el automóvil para aplacar las iras del Dios progreso. Esta nueva y sangrienta religión, tiene a los sumos sacerdotes destinados a calmar a los fieles feligreses para que no se alarmen y vean con toda normalidad los holocaustos humanos de la carretera. Estos sumos sacerdotes tienen una amplia formación en el templo de la Dirección General de Trafico, con sus técnicos-teólogogos y especialistas-adoctrinadores que nos sermonearan con el sentimiento de culpabilidad: de ser imprudentes, de no respetar las normas de trafico, de no tener el coche apunto, de no tener buenas carreteras, de ser unos borrachos irresponsables y así, colgando el Sambenito de culpables a los conductores, se libran ellos de las criticas y culpabilidad, por dar la cobertura legal aun instrumento tecnológico que en España lleva sacrificadas, en sus 100 años de rodaje, las vidas de 250.000 hombres, mujeres, ancianos, niños, adolescentes y bebes, muertes que cada día truncan la vida familiar de muchos hogares, como lo hace cualquier atentado de la banda terrorista ETA. En el ámbito mundial, son 40 millones las vidas sacrificadas en nombre del progreso, tantos, como los muertos de la 2ª guerra mundial. Los sacerdotes de la D.G.T. especialistas en cuestiones teológicas pero no científicas, nos dirán para calmarnos “el progreso no se puede parar” “no podemos poner barreras a la libertad individual” Así el objeto sagrado de culto, el automóvil y la moto, se hacen intocables so pena de ir contra el progreso y el desarrollo. De igual forma que el nazismo justifico los campos de exterminio y las cámaras de gas como forma de alcanzar el ideal supremo de la raza aria, los regímenes democráticos justifican los campos de exterminio de las carreteras, el automóvil y la moto, como espacios donde se inmolan a las miles de víctimas por el ideal supremo del progreso y el desarrollo. Aunque la historia ya no se pueda cambiar y el crimen o genocidio en nombre del progreso sea imposible de borrar, si nos queda él deber de dejar a nuestros hijos un mundo libre de semejante lacra. Y para ello, lo mejor es que los sacerdotes de la DGT dejen de hacer su trabajo sobre la base de mitos, suposiciones, leyendas o intereses creados, y los transformen en estudios con fundamentos y conocimientos empíricos. Los dos primeros mitos que deberían desmentirse son: que hay una conducción segura, algo absurdo, ¡qué en algún lugar hay un hombre que no comete equivocaciones!, Cuando todos constantemente cometemos equivocaciones y al volante muchas más, de hecho la propia DGT ha realizado sus propios estudios donde por termino medio cada dos minutos un conductor comete una infracción. Y por otro lado, que hay una velocidad segura, cuando el único coche seguro es el que esta parado. A partir de aquí, pueden deshacerse todos los supuestos que sostienen este mortífero sistema de transporte basado en la motorización individual y optar por sistemas transporte colectivo tan seguros, como el tranvía y el tren y rediseñar las ciudades a escala humana con calles exclusivamente peatonales, calles para bicicletas y carril bici en las avenidas y calles anchas. El automóvil y la moto son la primera causa de muerte violenta en el mundo, ni siquiera las guerras del tercer mundo matan y lisian a tanta gente. Si desgarradoras e indignantes nos pueden parecer las imágenes de los destrozos provocados por las minas antipersonas o las matanzas entre las etnias de utus y tucsis, pensemos que solo es una porción insignificante de la masacre provocada por el automóvil y la moto.
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