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“Si es cierto que la reducción del viario “evapora“ tráfico, por ahí podría abrirse una vía de tratamiento paliativo: no curará la enfermedad del transporte, pero al menos permitirá estabilizar el problema y evitar que empeore. Y a muy largo plazo, perseverando en el remedio, quién sabe si hasta podría mejorarlo e incluso resolverlo. Si sus efectos fueran realmente los que parecen, la congestión dejaría de ser el principal enemigo de los planificadores del transporte, para convertirse en su mejor aliado. Una buena gestión de la congestión ayudaría por igual a controlar todos los tipos de transporte, ya sea de viajeros o de mercancías, urbano o interurbano, público o privado. La gestión activa de la congestión (hoy suprimo un carril por aquí, mañana quito un paso subterráneo por allá.) podría llegar a ser la vacuna contra la enfermedad del transporte. Llevábamos tanto tiempo buscándola, y resulta que la teníamos delante de nuestras narices.” Antonio Estevan (1948-2008) era ingeniero industrial, consultor independiente, militante ecologista, socio fundador del Grupo de Estudios e Iniciativas GEA 21. LA ENFERMEDAD DEL TRANSPORTE PDF
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